

Despertar una mañana y de pronto de la nada tomar un bus y viajar a viña es algo tan loco como estar escribiendo este texto en una clase de derecho civil en la que tu profesora te tiene mala, un día antes de tener una prueba para la que deberías estar estudiando, lo cierto es que nose por que soy capaz de hacer estas cosas, tal vez debe ser por que no me gustan las cosas típicas, las cosas clichés, falsas y poco jugadas.

Valparaíso de mi amor, asi dice una canción, lo cierto es que amo Valparaíso, su mística, sus cerros, sus grafitis, sus cafeterías es algo que con suerte se consigue en santiago, ver muchos perros callejeros, me dio a entender que soy uno mas de ellos, un patiperro que camina sin rumbo conociendo lugares, pensando, saludando gente, viviendo aventuras y un sinfín de cosas que solo puedes vivir si sales de tu casa, todo esto repercute en generar envidia en la gente que no sale a ninguna parte por miedo a la soledad, tal vez me he vuelto mas solo que antes, como decía Tom en 500 days of Summer, la soledad esta sobrevalorada, salir solo tiene sus ventajas, por un lado es mas barato, es mas libre, haces lo que quieres y no te debes preocupar por tu compañero o compañera, puedes conocer gente en el camino y un sinfín de cosas mas.

Lo cierto es que los perros son el mejor ejemplo, son callejeros, se unen a grupos, se cambian de vecindario, algunas veces encuentran una vecinita que les da comida, otras veces encuentran peligro o gente que les quiere hacer daño, pero aun asi viven, quedan con las patitas quebradas, quedan con miedo a cruzar la calle, pero aun asi, invierno, verano, frio, calor, terremoto, maremoto, siempre los encontraras caminando aplanando las calles de la ciudad con su lengüita afuera, moviéndote la cola y entregándote su amistad.

En Valparaíso los perros son pintorescos, hay perros ancianos, perros jóvenes, perros choros del puerto, aniñaos, bailarines, los cerros de Valparaíso se alegran con perros que inundan sus calles, entregando sus pasos al pavimento, sus edificios dan a conocer una infraestructura inspirada en el estilo Frances, con grandes edificios, ascensores que por 300 pesos, te llevan a un lugar que desconozco, donde cada vez que vas a una bonetería haces preguntas tan estupidas como la mía “¿A dónde me deja?” sus cafés tienen una mística poética donde en cada lugar existe un tipo con un abrigo o chaqueta con solapas y un sombrero o boina, ese es el puerto de mi querido chile, un lugar bohemio, un lugar en el que nunca te cansas de caminar, en el que si le preguntas a alguien en la calle como llegar a un destino te hablan con amabilidad y se toman su tiempo.

El mar se deja observar desde cada mirador, entregándote la posibilidad de pensar bien las cosas, me pregunto cuantas personas habrán cambiando el rumbo de su vida, reforzando una decisión mientras miraban el mar desde un mirador, me pregunto cuantas lagrimas se lleva el mar cada día, cuantos deseos, cuantos pensamientos que finalmente donde llegan, ¿finalmente donde llegan nuestros pensamientos?
A veces piensos que navegamos en barcos de papel, encaminados en el sendero de la física cuantica, en el que no importa nuestro pasado, sino que importa nuestro presente y en como construiremos nuestro futuro.

Soy un afortunado al recorrer el puerto, soy un afortunado al haberme caido y luego levantado, soy un afortunado y doy las gracias por eso, por conocer a la gente que conozco, por recorrer casi todos los dias un lugar diferente, por nunca apagar mi animo, por llevar a cabo mis ideas con esfuerzo contra viento y marea, por soportar que me traten de algo que no soy y soportarlo hasta el final, por romper con los prejuicios de las personas, por tapar la boca de muchos, pero por sobre todo doy las gracias por entregarme la posibilidad de estar en el día y el momento indicado.

Un día estamos en el suelo y al otro estamos comiendo un plato de arroz con pescado mientras suena de fondo esa canción que te atormentaba, lo cierto es que ahora no le temes, no le temes a nada, por que el mar te da esa seguridad que en santiago nadie te entrega, te da esas ganas de hacer grandes cosas, de pensar en grande y no limitarte, ganas que en santiago nunca tendrás rodeado de smog y gente mezquina que mira sus propios intereses, lo cierto es que Valparaíso y sus perros callejeros son mi influencia para continuar esta ruta, este viaje, sin destino, con algunas paradas, con algunos saltos, con algunos desvíos, pero que al fin y al cabo me conducirán a mi gran meta.
Mi felicidad y la de los que me rodean.
Valparaíso de mi amor (L)SALUDOS!