
Aunque Carolina Bastías no es muy dada al histrionismo, sus caras de risa aguantada al recibir a sus pretendientes en “Amor Ciego” dieron mucho que hablar entre los televidentes de verano.
El formato del programa era calcado al de The Bachelorette, dating show de gran revuelo en Estados Unidos… pero había una diferencia. Los aspirantes a ganar el corazón de la soltera codiciada no parecían clones de Pato Laguna o Cristián de la Fuente. Eran guatones, chicos, pelaos y lo peor y seguramente más imperdonable: algunos hasta eran pobres.
La idea de poner gente fea en pantalla y centrarse en la reacción de Cari demostraría ser una bomba de éxito. Y más todavía con la llegada de la segunda camada de pretendientes, típicos minos ricos sacados de Reñaca y universidades privadas de élite. El cierre de ambos grupos y su lucha como improvisadas pandillas sería el segundo elemento de éxito en Amor Ciego.
¿LA LUCHA DE CLASES DA RATING?
La pregunta de fondo es: ¿será el morbo de ver feos contra ricos lo que vende tanto?, ¿o es la lucha de clases la que se transforma en garantía de rating? ¿Tan mal estamos que depositamos nuestra esperanza de ganarle a los cuicos en un reality?… y más encima, ¿de Canal 13?
¿Pero qué pasó en Chile para que la lucha de clases llegara a la TV? Un país como éste, donde los flaites de telenovelas son interpretados por cuicos que por más que tratan, no se sacan la papa de la boca. Un país en el que la gente de la farándula conoce el centro de Santiago por fotos, en el que los políticos “progres” que defienden la salud y la educación públicas cotizan en ISAPRE y tienen a sus hijos en colegios privados.
La única manera de la gente real de llegar en masa a la TV era que la llevaran a mostrar sus guatas, calvicies y estilo penca. Al final, ¿la TV llamará a nuestros vecinos sólo cuando necesite mostrar fealdad?
¿POR QUÉ EDMUNDO? ¿AMOR O CARIDAD?
Era bastante lógico. Si quieres un mijito rico, vas a una universidad privada de élite (al gimnasio que quede cerca) y agarras a un estudiante cuico (Félix). Si quieres un weón feo, vas a un equipo de fútbol canuto de tercera división y eliges a un jugador según el estilo de su chocopanda (Edmundo). Es probable que hayan weones feos en las universidades privadas más caras, como también es probable que algún equipo de tercera división tenga entre sus filas a un mino rico. Pero la lógica no indica eso, ¿no?
Por eso uno no sabe si lo de Cari es genuino o simplemente culpa por lo increíblemente desigual que es este país y lo absolutamente imposible que sería, fuera del reality, que ella siquiera llegara a conocer a Edmundo. ¿Estamos ante un gesto honesto o simplemente frente a una niña religiosa que en vez de dar el vuelto en el Jumbo al Hogar de Cristo se come a Edmundo?


